lunes, 21 de febrero de 2011
lunes, 14 de febrero de 2011
sábado, 12 de febrero de 2011
Empieza a sonar la canción. Un señor, que aparenta ser mayor por tener muchas arrugas en el rostro y una larga y desprolija barba blanca, sus tristes ojos grises reflejan un difícil pasado, está al lado de una vidriera decorada con dobleces de idas y vueltas de caminos de metal en gris. Venden... ¿Qué venden? No lo sabe, pero se pierde en la única pieza que le llama la atención: una bailarina, con su tutú rosa y su bailarín, girando. Los dos tienen en el rostro una sonrisa. Parecen idos, en su Mundo, donde bailan y, cuando lo hacen, nada más les parece importar. Más allá, una nena, vestida con muchos colores, también baila entre los perfectos arbustos verdes. Ella piensa en su hogar, feliz, en su pueblo. Se aleja bailando mientras una mariposa lila con rulos al final de sus antenas pasa volando por arriba de ella. La nena se mueve bailando, con los ojos cerrados, pero no tropieza, porque parece recordar con precisión las calles. Por la mitad de esta tranquila calle ella se va, se llega a ver a lo lejos, en el horizonte, toda una fila de árboles a los dos lados. Las flores, las casas, los nenes en los jardines, algunos jugando, otros plantando nuevas flores, todos riendo. Todos felices. Todos contentos. La canción continúa a medida que la nena sigue avanzando. En un momento, comente el terrible error de abrir los ojos.
Los perfectos árboles, verdes y redondeados a los dos lados de la calle son ahora pedazos negros y marrones de cosas que alguna vez fueron ramas. La calle está completamente bañada en cenizas, las casas están en ruinas, las flores no están, y los jardines antes coloridos por el pasto y las flores ahora sólo parecen ser escombros. Ahora su Mundo no tiene colores y las risas de los nenes se escuchan como fantasmas. Algo que existió, pero que ya no está.
Por un momento, la nena no comprende, pero después ya no le importa, sólo deja que el miedo se adueñe de su cuerpo, la soledad y la tristeza. Ella sigue escuchando la música a lo lejos, pero ya no baila. Tiene la cabeza gacha, los zapatos rotos y la ropa sucia.
La música casa vez se escucha menos, hasta que desaparece, y es el momento en el que la nena vuelve a cerrar los ojos, sonríe, y continúa su baile.